Artículo desarrollado con apoyo de Gemini, revisado y ajustado para fines de divulgación por el Mg. Jaime Sotelo.

Resumen

Cuando se comenzó a elaborar este artículo, diversos centros climáticos internacionales proyectaban una evolución hacia condiciones El Niño durante 2026. Posteriormente, dichas proyecciones fueron confirmadas por la evolución del sistema océano-atmósfera. Sin embargo, las lecciones discutidas en este texto conservan validez más allá del comportamiento específico del ENSO, ya que se refieren a capacidades de anticipación, gobernanza y reducción de vulnerabilidades que resultan relevantes frente a múltiples amenazas hidrometeorológicas.

A partir de cuatro investigaciones científicas publicadas entre 2018 y 2026, complementadas con referencias institucionales recientes, este artículo revisa los avances y desafíos relacionados con los sistemas de alerta temprana, la acción anticipatoria, la vulnerabilidad territorial y social, y el uso de inteligencia artificial para la preparación ante desastres. La evidencia sugiere que el principal reto para el país ya no es únicamente mejorar los pronósticos climáticos, sino transformar el conocimiento disponible en decisiones oportunas que permitan reducir vulnerabilidades antes de que ocurra el próximo evento extremo.

Introducción

A mediados de 2026, diversos organismos internacionales especializados en monitoreo climático proyectan la ocurrencia de El Niño durante el segundo semestre del año, con probabilidades de persistencia hacia finales de 2026. Aunque todavía existe incertidumbre respecto a la intensidad del fenómeno, la información disponible justifica una reflexión seria sobre la preparación del país frente a un nuevo episodio climático potencialmente disruptivo.

Para el Perú, esta posibilidad tiene una relevancia evidente. El Niño Costero de 2017 afectó a más de 1,7 millones de personas, ocasionó graves daños en infraestructura y expuso importantes debilidades en la gestión del riesgo. Años más tarde, eventos como el ciclón Yaku en 2023 y los impactos asociados al Niño Costero 2023-2024 volvieron a recordar que las amenazas hidrometeorológicas continúan siendo una de las principales fuentes de riesgo para el desarrollo nacional.

Sin embargo, la discusión sobre un posible El Niño en 2026 no debería limitarse a la pregunta de cuánto lloverá o qué regiones serán afectadas. La cuestión más importante es otra: ¿qué hemos aprendido desde 2017 y cómo podemos utilizar ese conocimiento para reducir riesgos antes de la próxima emergencia?

La literatura científica reciente ofrece algunas respuestas. En particular, cuatro investigaciones desarrolladas en los campos de la gestión del riesgo de desastres, la climatología aplicada y la logística humanitaria permiten identificar lecciones fundamentales para avanzar hacia una gestión más preventiva y menos reactiva.

Este artículo no constituye una revisión sistemática de la literatura sobre El Niño y gestión del riesgo de desastres. Se trata de una reflexión basada en cuatro investigaciones recientes que abordan dimensiones complementarias de la alerta temprana, la acción anticipatoria, la vulnerabilidad estructural y el uso de análisis predictivo. Por lo tanto, las lecciones identificadas deben entenderse como una síntesis interpretativa de estos estudios y no como una representación exhaustiva del conocimiento disponible.

Aunque los estudios revisados analizan principalmente fenómenos ENSO, estas discusiones ocurren en un contexto más amplio de cambio climático. Si bien todavía existen incertidumbres sobre cómo evolucionarán determinadas expresiones regionales del clima, numerosos estudios coinciden en que la gestión del riesgo y la adaptación climática son agendas cada vez más interdependientes.

Las recomendaciones presentadas combinan hallazgos de la literatura revisada con una interpretación aplicada al contexto peruano.

Concepto clave: El Niño no es lo mismo que La Niña

El Niño y La Niña constituyen las dos fases extremas del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés). El Niño corresponde a la fase cálida, caracterizada por un calentamiento anómalo de las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, mientras que La Niña representa la fase fría, asociada a un enfriamiento anómalo de esas mismas aguas. Ambos fenómenos modifican la circulación atmosférica y los patrones climáticos en distintas regiones del mundo.

En el caso peruano, los episodios de El Niño suelen asociarse con lluvias intensas, inundaciones y huaicos en la costa norte y central. Sin embargo, como señalan Ramírez et al. (2026), la forma de identificar y declarar oficialmente un evento El Niño o La Niña puede variar entre países e instituciones, generando interpretaciones y alertas distintas para un mismo período climático.

Primera lección: los pronósticos han mejorado, pero siguen existiendo desafíos

Uno de los cambios más importantes de las últimas décadas es el notable avance en la capacidad de monitorear y predecir fenómenos climáticos asociados al ENSO. Actualmente existen satélites, sistemas de observación oceánica, modelos climáticos y plataformas internacionales de seguimiento que permiten generar información con varios meses de anticipación.

Sin embargo, disponer de mejores pronósticos no significa necesariamente que las decisiones serán mejores.

Ramírez et al. (2026) analizaron los sistemas de alerta temprana de Australia, Perú y Estados Unidos y encontraron que cada país utiliza criterios distintos para definir la ocurrencia de El Niño o La Niña. Estas diferencias pueden derivar en alertas aparentemente contradictorias, incluso durante eventos significativos.

La existencia de discrepancias entre sistemas como ENFEN, NOAA o IRI no implica necesariamente parálisis institucional. Una de las respuestas que emerge de la literatura reciente consiste en complementar las alertas basadas en condiciones oceánico-atmosféricas con alertas orientadas a impactos. Bajo este enfoque, las decisiones no dependen exclusivamente de que exista consenso sobre la denominación climática del fenómeno, sino de la probabilidad de que determinados umbrales de lluvia, inundación, activación de quebradas o afectación de infraestructura crítica sean superados en un territorio específico.

En el caso peruano, ello sugiere que la acción anticipatoria debería activarse mediante protocolos preestablecidos definidos por las entidades competentes del SINAGERD, utilizando información integrada de ENFEN, SENAMHI, ANA, CENEPRED e instituciones internacionales. El objetivo no es eliminar la incertidumbre, sino gestionar decisiones bajo incertidumbre.

Sin embargo, el principal aporte del estudio no consiste en proponer una definición única de El Niño para todos los países. Ramírez et al. (2026) sostienen que las distintas definiciones responden a objetivos y escalas de análisis diferentes, por lo que intentar imponer una única interpretación podría resultar poco útil para la gestión del riesgo. En cambio, los autores plantean que los sistemas de alerta deben orientarse cada vez más hacia los impactos esperados sobre las personas, la infraestructura y los medios de vida, integrando información global, regional y local. Desde esta perspectiva, la pregunta relevante no es únicamente si un fenómeno cumple o no con una determinada definición técnica de El Niño, sino cuáles son los riesgos que enfrentan los territorios y qué decisiones deben adoptarse para reducirlos (Ramírez et al., 2026).

La principal lección es que la efectividad de un sistema de alerta temprana no depende únicamente de la precisión científica del pronóstico. También depende de cómo la información es interpretada, comunicada y utilizada por quienes deben tomar decisiones.

La alerta temprana solamente cumple su propósito cuando se convierte en acción temprana.

Segunda lección: los fenómenos son naturales; los desastres se construyen socialmente

Desde la perspectiva de la gestión moderna del riesgo, los desastres no son consecuencia exclusiva de las amenazas naturales. Son el resultado de la interacción entre amenazas, exposición, vulnerabilidad y capacidades institucionales.

Esta idea aparece con fuerza en la investigación de French et al. (2020), quienes analizaron las causas profundas del desastre producido por el Niño Costero de 2017. Sus hallazgos muestran que la magnitud de la catástrofe no puede explicarse únicamente por las lluvias extraordinarias. Los factores estructurales desempeñaron un papel decisivo.

Entre estos factores destacan:

  • Crecimiento urbano desordenado.
  • Ocupación de quebradas y zonas inundables.
  • Infraestructura vulnerable.
  • Fragmentación institucional.
  • Procesos de centralización administrativa.
  • Problemas de corrupción y gobernanza.

El estudio demuestra que muchas de estas vulnerabilidades eran conocidas antes de 2017 y, en varios casos, habían sido identificadas tras eventos anteriores como los ocurridos en 1982-1983 y 1997-1998. Esta conclusión mantiene plena vigencia en 2026.

Es cierto que el país ha realizado avances importantes en reconstrucción, fortalecimiento institucional, monitoreo hidrometeorológico y reducción del riesgo. También es cierto que existen mejores instrumentos normativos y una mayor conciencia pública respecto a los riesgos asociados a El Niño.

No obstante, numerosas poblaciones siguen localizadas en áreas expuestas a inundaciones, movimientos en masa y huaicos. Asimismo, persisten brechas de planificación territorial, mantenimiento de infraestructura crítica y articulación interinstitucional.

En consecuencia, el impacto de un futuro evento El Niño dependerá tanto de las condiciones climáticas como de la vulnerabilidad acumulada que el país sea capaz de reducir antes de que ocurra.

Tercera lección: anticiparse es más eficiente que reaccionar

Durante muchos años, la gestión de desastres estuvo basada principalmente en la respuesta posterior al impacto. Sin embargo, la evidencia internacional muestra que actuar antes de la emergencia suele ser más efectivo y menos costoso.

La investigación de Tozier de la Poterie et al. (2018), desarrollada en cinco países africanos durante el evento El Niño 2015-2016, analizó cómo las organizaciones humanitarias utilizaron los pronósticos climáticos para prepararse con anticipación. Entre las acciones implementadas se encontraron la elaboración de planes de contingencia, la preposición de suministros, la capacitación de personal y el fortalecimiento de mecanismos de protección social. Los autores identificaron cuatro elementos que facilitan la acción anticipatoria:

  1. Información climática confiable.
  2. Intermediarios capaces de traducir información técnica en decisiones operativas.
  3. Financiamiento flexible.
  4. Sistemas institucionales preparados para actuar antes del desastre.

Un hallazgo particularmente interesante es que la incertidumbre científica no fue considerada el principal obstáculo para la acción. En muchos casos, las limitaciones estuvieron relacionadas con financiamiento, coordinación institucional y procedimientos administrativos.

Si bien los contextos institucionales difieren del caso peruano, las lecciones sobre acción anticipatoria ofrecen elementos relevantes para la discusión nacional.

Actualmente el país dispone de mejores sistemas de monitoreo, instituciones especializadas y mecanismos de gestión del riesgo que los existentes antes de 2017. El desafío consiste en asegurar que estas capacidades permitan activar medidas preventivas con suficiente anticipación.

La preparación frente a un posible El Niño en 2026 debería apoyarse en una lógica simple: actuar antes cuesta menos que reconstruir después.

Cuarta lección: la inteligencia artificial puede mejorar la preparación

La transformación digital está generando nuevas oportunidades para la gestión del riesgo de desastres.

Quiliche et al. (2025) desarrollaron un modelo basado en aprendizaje automático para identificar hogares vulnerables a inundaciones y deslizamientos en el Perú. Utilizando información sobre condiciones económicas, sociales, sanitarias y geográficas, los investigadores demostraron que es posible desarrollar modelos con capacidad predictiva significativa para identificar hogares con mayor probabilidad de requerir asistencia después de un evento extremo. Como ocurre con cualquier modelo de aprendizaje automático, el desempeño observado depende de la calidad de los datos disponibles, del territorio analizado y de las condiciones bajo las cuales fue validado.

Tradicionalmente, la respuesta humanitaria se organiza una vez que las familias afectadas han sido identificadas. El modelo desarrollado plantea la posibilidad de anticipar dónde se concentrará la demanda de ayuda incluso antes de que ocurra el desastre.

Esta información podría utilizarse para:

  • Optimizar el almacenamiento de ayuda humanitaria.
  • Mejorar la focalización territorial.
  • Priorizar intervenciones preventivas.
  • Diseñar estrategias de atención diferenciadas.
  • Fortalecer la logística de respuesta.

Los resultados obtenidos por Quiliche et al. (2025) muestran el potencial de la inteligencia artificial para apoyar la identificación de hogares vulnerables. Sin embargo, su aplicación a escala nacional dependerá de factores que el estudio no aborda directamente, como la disponibilidad y actualización de datos, posibles sesgos de las bases de información, los cambios acelerados en el territorio y la capacidad institucional para transformar predicciones técnicas en decisiones operativas. Más que una solución por sí misma, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta complementaria dentro de sistemas más amplios de gestión del riesgo.

Quinta lección: prepararse para El Niño 2026 es una responsabilidad compartida

La reducción efectiva del riesgo requiere la participación coordinada de múltiples actores: instituciones públicas, gobiernos regionales y locales, universidades, centros de investigación, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía.

Las universidades desempeñan un papel fundamental en la generación de conocimiento sobre vulnerabilidad, adaptación al cambio climático y evaluación de riesgos. Las empresas tienen capacidades para fortalecer la resiliencia de cadenas de suministro, servicios críticos e infraestructura estratégica. Los medios de comunicación contribuyen a la comprensión social del riesgo y a la difusión de alertas tempranas.

Pero quizá el papel más importante corresponde a la ciudadanía.

Las decisiones relacionadas con la ocupación del territorio, la gestión comunitaria, la preparación familiar y la percepción del riesgo son factores que influyen directamente en las consecuencias de cualquier desastre.

La experiencia de 2017 mostró que las capacidades institucionales son indispensables, pero también que la resiliencia social constituye un componente central de la gestión del riesgo.

Una realidad que no puede ignorarse: la brecha de capacidades locales

Muchas de las recomendaciones planteadas en este artículo dependen de capacidades que no están distribuidas homogéneamente en el territorio. Diversos diagnósticos nacionales han identificado limitaciones recurrentes en los gobiernos locales relacionadas con disponibilidad de personal especializado, continuidad técnica, ejecución presupuestal y gestión de inversiones. En consecuencia, la discusión sobre acción anticipatoria no debe centrarse únicamente en qué hacer, sino también en quiénes tienen las capacidades necesarias para hacerlo y cómo fortalecerlas.

Sin el fortalecimiento sostenido de las capacidades municipales, la acción anticipatoria corre el riesgo de concentrarse únicamente en los niveles nacional y regional, limitando su efectividad en los territorios donde finalmente se materializan los impactos.

¿Qué debería hacer el Perú antes de finales de 2026?

A partir de las investigaciones revisadas, pueden identificarse cinco prioridades estratégicas.

  1. Fortalecer la acción anticipatoria: Las alertas deben estar vinculadas a protocolos que permitan movilizar recursos antes de que los impactos se materialicen.
  2. Reducir vulnerabilidades territoriales conocidas: La intervención en quebradas, zonas inundables y áreas de alto riesgo continúa siendo una prioridad pendiente en numerosos territorios del país.
  3. Integrar información climática y planificación territorial: La información producida por los sistemas de alerta temprana debe incorporarse de manera efectiva en la planificación urbana y territorial.
  4. Aprovechar herramientas de análisis de datos: El uso de inteligencia artificial y modelos predictivos puede mejorar la focalización de inversiones preventivas y el diseño de mecanismos de respuesta. Con un énfasis importante en la calidad de los datos estos modelos predictivos pueden ser cada vez más precisos.
  5. Mejorar la comunicación pública del riesgo: La información científica debe traducirse en mensajes claros, accesibles y orientados a la acción para fortalecer la toma de decisiones de autoridades y ciudadanía.

Reflexión final

La posibilidad de un nuevo evento El Niño hacia finales de 2026 ofrece al Perú una oportunidad para evaluar cuánto ha avanzado desde 2017.

Aunque los estudios revisados no evalúan directamente la evolución reciente de las capacidades nacionales, análisis recientes sobre innovación y monitoreo hidrometeorológico en el Perú sugieren avances en observación oceánica, modelamiento atmosférico y vigilancia de amenazas. Entre ellos destacan iniciativas como el glider Mochica de IMARPE (IMARPE, 2026), los sistemas de vigilancia agroclimática de SENAMHI y SENASA (SENAMHI, 2026a), el sistema de pronóstico SONICS (SENAMHI, 2026b) y el radar meteorológico SOPHy (IGP, 2026). Estas experiencias no forman parte de los estudios analizados en esta revisión, pero ilustran cómo las capacidades técnicas disponibles para la anticipación continúan evolucionando.

La experiencia peruana demuestra que las discusiones sobre si las condiciones observadas corresponden exactamente a un evento El Niño, un Niño Costero u otra categoría climática no deberían desplazar la atención del problema principal. La evidencia revisada sugiere que la gestión del riesgo resulta más efectiva cuando las alertas se diseñan en función de los impactos potenciales sobre la población y no únicamente de las etiquetas utilizadas para describir un fenómeno climático (Ramírez et al., 2026).

La evidencia científica converge en una conclusión ampliamente aceptada en la gestión moderna del riesgo: aunque las amenazas tienen origen natural, los desastres ocurren cuando esas amenazas interactúan con condiciones preexistentes de vulnerabilidad, exposición y capacidad institucional insuficiente.

Al mismo tiempo, la ciencia también transmite un mensaje alentador. Todavía existe una ventana de oportunidad para actuar. Los sistemas de pronóstico ofrecen información con meses de anticipación. Existen herramientas tecnológicas para identificar poblaciones vulnerables. Existen indicios de fortalecimiento de capacidades institucionales y tecnológicas respecto a la situación observada durante el Niño Costero de 2017.

El desafío no radica únicamente en generar más información. También consiste en fortalecer las capacidades institucionales que permitan interpretar señales inciertas, priorizar intervenciones, gestionar conflictos entre fuentes de información y actuar oportunamente antes de que los impactos se materialicen.

Independientemente de la intensidad final que alcance este episodio ENSO y de la magnitud de sus impactos sobre el territorio nacional, las lecciones revisadas conservan plena vigencia: reducir vulnerabilidades, fortalecer la gobernanza del riesgo y desarrollar capacidades de anticipación siguen siendo algunas de las inversiones más rentables para la resiliencia del país.

La verdadera prueba para el Perú no será predecir el próximo episodio de El Niño. La evidencia disponible muestra avances significativos en la capacidad de monitorear el océano, modelar escenarios, identificar poblaciones vulnerables y generar alertas cada vez más precisas. La verdadera prueba consistirá en demostrar que las instituciones pueden convertir esas señales en decisiones, las decisiones en procedimientos operativos y esos procedimientos en acciones de protección antes de que las pérdidas vuelvan a repetirse. La tecnología ya nos ha dado una ventaja; el desafío pendiente es transformarla en resiliencia.

Referencias

Climate Prediction Center. (2026). ENSO Diagnostic Discussion, March 2026. National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

French, A., Mechler, R., Arestegui, M., MacClune, K., & Cisneros, A. (2020). Root causes of recurrent catastrophe: The political ecology of El Niño-related disasters in Peru. International Journal of Disaster Risk Reduction, 47, 101539.

Instituto del Mar del Perú (IMARPE). (2026). Gliders. Sistema de Información Oceanográfica y de Fenómeno El Niño (SIOFEN). IMARPE SIOFEN – Gliders [siofen.imarpe.gob.pe]

Instituto Geofísico del Perú (IGP). (2026, 4 de agosto). IGP fortalece la gestión del riesgo de desastres con tecnología que mejora el monitoreo de lluvias e inundaciones. Plataforma Digital Única del Estado Peruano. https://www.gob.pe/institucion/igp/noticias/1426173-igp-fortalece-la-gestion-del-riesgo-de-desastres-con-tecnologia-que-mejora-el-monitoreo-de-lluvias-e-inundaciones [gob.pe]

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Quiliche, R., Maçaira, P., Baião, F. A., & Leiras, A. (2025). Identifying final demand points for aid in the aftermath of sudden-onset climate-related disasters in Peru: A supervised learning approach. International Journal of Disaster Risk Reduction, 127, 105593.

Ramírez, I. J., Hundie, R., Vargas, L., Varghese, S., & Glantz, M. H. (2026). Assessing El Niño definitions and early warning alerts across Australia, Peru, and the U.S.: Implications for disaster risk reduction and climate justice. International Journal of Disaster Risk Reduction, 141, 106173.

Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI). (2026a, 19 de junio). Senamhi fortalece la vigilancia agroclimática nacional frente a escenarios asociados al Fenómeno El Niño. Plataforma Digital Única del Estado Peruano. https://www.gob.pe/institucion/senamhi/noticias/1409109-senamhi-fortalece-la-vigilancia-agroclimatica-nacional-frente-a-escenarios-asociados-al-fenomeno-el-nino

Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI). (2026b, 10 de febrero). Senamhi lanza plataforma SONICS-PBI para anticipar impactos de inundaciones fluviales en todo el país. Plataforma Digital Única del Estado Peruano. https://www.gob.pe/institucion/senamhi/noticias/1351020-senamhi-lanza-plataforma-sonics-pbi-para-anticipar-impactos-de-inundaciones-fluviales-en-todo-el-pais [gob.pe]

Tozier de la Poterie, A. S., Jjemba, W. E., Singh, R., Coughlan de Perez, E., Costella, C. V., & Arrighi, J. (2018). Understanding the use of 2015-2016 El Niño forecasts in shaping early humanitarian action in Eastern and Southern Africa. International Journal of Disaster Risk Reduction, 30, 81-94.