Informes internacionales de IBM y Verizon advierten sobre el aumento de ataques que explotan vulnerabilidades y el uso de inteligencia artificial para acelerar las operaciones de los ciberdelincuentes. Stefanini Cyber destaca la importancia de combinar tecnología, procesos y talento humano.

Stefanini Group

La inteligencia artificial está transformando la ciberseguridad empresarial, pero su incorporación no garantiza que las organizaciones estén protegidas frente a todos los ataques. Mientras las empresas utilizan herramientas inteligentes para detectar amenazas y automatizar sus defensas, los ciberdelincuentes recurren a estas tecnologías para identificar vulnerabilidades, acelerar sus operaciones y perfeccionar las técnicas de intrusión.

El problema no se limita a los engaños dirigidos a los colaboradores. El informe 2026 Data Breach Investigations Report, de Verizon, señala que el 31% de las brechas analizadas comenzó con la explotación de vulnerabilidades de software, que superó a las credenciales robadas como principal vía de entrada. Por su parte, el índice de amenazas X-Force 2026 de IBM reportó un incremento del 44% en los ataques que comenzaron mediante la explotación de aplicaciones expuestas públicamente, en un contexto de controles de autenticación insuficientes y mayor velocidad para identificar vulnerabilidades.

Estos hallazgos muestran que fortalecer la seguridad exige abordar tanto las debilidades técnicas como los riesgos relacionados con las personas, los procesos y la administración de accesos. Una empresa puede disponer de herramientas avanzadas y, aún así, mantener sistemas expuestos, permisos innecesarios o procedimientos de verificación insuficientes.

«Aunque la IA amplía significativamente la capacidad de protección de las organizaciones, la mayoría de los incidentes siguen comenzando lejos de los algoritmos: en el comportamiento humano. Un clic en un enlace fraudulento, el envío de información por canales no autorizados o la reutilización de credenciales continúan siendo la puerta de entrada principal para los ataques más graves», señala Leidivino Natal da Silva, CEO de Stefanini Cyber para Latinoamérica.

A este escenario se suma la evolución de la ingeniería social mediante inteligencia artificial generativa. Los delincuentes pueden utilizar estas herramientas para elaborar mensajes más convincentes, adaptar sus comunicaciones a una organización y facilitar intentos de suplantación de identidad. En entornos corporativos, estas técnicas pueden utilizarse para intentar obtener credenciales, acceder a información confidencial o inducir a los trabajadores a realizar operaciones sin las verificaciones correspondientes.

Por ello, la protección empresarial no debería depender exclusivamente de la detección automatizada ni de la responsabilidad individual de cada colaborador. También requiere controles técnicos, políticas claras para el manejo de información y procedimientos capaces de limitar el impacto de una eventual intrusión.

Hacia una estrategia de ciberseguridad preventiva
Frente a este panorama, las organizaciones avanzan hacia modelos de ciberseguridad preemptiva, orientados a identificar exposiciones y reducir riesgos antes de que una amenaza escale. El enfoque prioriza la revisión de vulnerabilidades, la gestión de permisos, la reducción de superficies de exposición y la capacidad de contener incidentes de manera temprana.

«La verdadera evolución de la ciberseguridad no consiste en confiar ciegamente en que la inteligencia artificial evitará todos los errores, sino en construir organizaciones resilientes, capaces de identificar riesgos en tiempo real, limitar el impacto de las fallas humanas y actuar antes de que una amenaza se convierta en una crisis», afirma Natal da Silva.

En esa línea, el ejecutivo recomienda prácticas como la autenticación multifactor (MFA), los programas continuos de concientización, las simulaciones avanzadas de phishing y las auditorías de acceso periódicas, los cuales siguen siendo pilares indispensables, siempre que estén respaldados por políticas claras de gobernanza de datos y capacidades de respuesta inmediata.

La combinación de estas medidas permite abordar la seguridad como una responsabilidad integral del negocio, en la que la tecnología, los procesos y las personas cumplen funciones complementarias para reducir la exposición y fortalecer la continuidad operativa.